Desperté y ya era el día. Terminé de hacer mi mochila y me fui recordando que hace unas semanas dije que había estado en un lugar perfecto para acampar (en ese entonces no lo hice por no disponer de tiempo), pero esta vez sí. No sabía exactamente a dónde iría, solo me guiaba con el mapa que me mostraba una laguna entre las montañas. Con una mochila llena me fui. Empecé a subir la montaña cerca de las 3:00 pm. Ya bastante tarde para concretar el recorrido que tenía planeado, pero igual yo seguía con la emoción a millón. A unos 15 minutos de caminata me di cuenta que había tomado el camino equivocado, así que comencé a buscar una salida. En ese trayecto en busca del camino correcto encontré un bastón en el suelo, perfecto para ayudarme en la caminata y sabía que me serviría como una especie de soporte para la cámara. Lo tomé sin pensar que me acompañaría durante todo mi viaje.
De pronto, entre los árboles escucho voces y efectivamente vi una mujer y dos niños caminando del otro lado del río. No tenía de otra más que buscar cómo cruzar el río. Tuve que regresar cerca de diez minutos de caminata para poder cruzar. Finalmente comencé el camino correcto. Continué caminando sin poder dejar de admirar las montañas que poco a poco se iban cubriendo con la sombra mientras se ponía el sol. Ya a las 5:30 aproximadamente comenzó a oscurecer, ¡Tenía que acelerar el paso! Entonces dije en mi mente «caminaré hasta las 9 o 9:30, luego acamparé dónde haya llegado». Y así fue, camine en la oscuridad. Quise hacerlo sin la luz de la linterna ya que el camino era visible en la oscuridad aún. De ese modo continué por un buen rato, cuando de la nada me parece ver una persona a unos cinco metros frente a mí. Me detuve congelado, no sabía qué hacer. No podía correr porque mis piernas estaban fatigadas después de cinco horas de ascenso en aquella montaña. Mi reacción fue intentar comunicarme con aquella persona que a duras penas le veía los zapatos blancos y parte de la camisa. Luego dije con un tono de voz un poco fuerte, ¡Hey! Pero aquella persona no hacía algún movimiento. Luego saqué mi linterna y apunto hacia la persona pero ésta desaparece. Apago la linterna y allí estaba. La volví a encender y desaparece nuevamente. Mi mente ya estaba jugando conmigo. Me tranquilice y dije que solamente eran las rocas y los arbustos haciendo forma de una persona de pie. Seguidamente de ese terrorífico episodio continué con mi caminata como lo había estado haciendo hasta ese entonces, sin luz. Pero no por mucho tiempo más ya que sentía que estaba caminando al borde de un precipicio, así que encendí mi linterna y efectivamente lo estaba. No era tan emocionante caminar con luz, pero mi seguridad era primero. Continué caminando cerca de una hora y quince minutos más hasta que ya no veía camino. Intenté rodear una gran roca en forma de pared pero no encontré forma de hacerlo. Fue entonces cuando dije que hasta allí caminaría y debería acampar en ese lugar. Me senté, relajé mi espalda que ya estaba llegando al límite por el peso de la mochila. Por unos minutos estuve pensando y contemplando las estrellas y constelaciones que se podían ver entre esas dos montañas que sentía me estaban arropando. Entre aquel silencio escuche una corriente de agua. Gracias a eso se me vino a la mente que podía estar cerca de la laguna y me emocioné de nuevo, así que comencé a buscar rastros de algún camino, y lo encontré. Lo seguí y llegué a un río con una cascada que parecía estaba guiándome por el sonido que hacía. Y justo a unos cuantos metros ya se podía ver un poco del reflejo del lago. Fue entonces cuando supe que había llegado a la mitad del camino.
Comencé rápidamente a buscar algún lugar para armar la carpa. Me decidí por un espacio que fue el más plano que logré encontrar entre la oscuridad. Empecé a armar la carpa lo más rápido que podía pues el frío era cada vez más intenso. Entre la oscuridad, lo fuerte del viento y el frío era difícil conseguir armar y encajar las varillas. Me tomó cerca de 30 minutos pero lo hice. Coloqué todas mis cosas dentro de la carpa y lo que aún tenía de ánimos lo agoté acomodándome en el sleeping bag y estar cómodo para dormir.
La mañana siguiente pareció ser un gran amanecer, pero no lo pude apreciar porque mi cuerpo y el frío no me dejaban. El sueño aún era intenso al igual que el frío a las 5:30 AM. Dormí hasta las 10 AM aproximadamente. (Primera vez en mis viajes que despierto tan tarde).
Al despertar de nuevo ya tenía ánimos para continuar explorando y buscar unas buenas fotos, así que tomé desayuno y enseguida aliste mi cámara para salir de mi guarida. Al abrir la carpa me encuentro con lo que ha sido la mejor vista desde hace muchísimo tiempo. Había armado la carpa en el lugar perfecto para apreciar la belleza de aquel lago que alardeaba de la majestuosidad de la montaña nevada que tenía al fondo. Todo un espectáculo definitivamente. El mejor regalo que aquel viaje y la madre naturaleza me pudo dar para celebrar un año en este país y en esta hermosa ciudad. Me quedé por unos minutos admirando la belleza de ese escenario desde el interior de mi carpa. ¡No lo podía creer! Fue tan emotivo el momento, tan perfecta la luz del día y la claridad con la que se veía la montaña que me puse a pensar, a recordar de todo. A mi familia que desde hace un año no veo, a mis amigos que deje en mi tierra, los que están en otros países, a los que dejé en lima, recordé lo lejos que he llegado. Lo poco pero valioso que tengo, y pensé en lo que aún me falta por recorrer. Lloré de felicidad y de nostalgia. Era necesario.
Luego de ese momento de tantas sensaciones, decidí continuar, y finalmente salí. Estuve tomando fotos durante hora y media. Ya de regreso a la carpa estaba la última parada para tomar fotos que era la laguna. Estuve allí unos minutos, note que estaba comenzando a llover pero no fuerte, así que no le presté mucha atención. Al rato comencé a sentir frío pues ya estaba empapado. Ya los dedos me dolían un poco, estaban muy fríos. Tomé mi cámara y el trípode y comencé a correr en dirección a la carpa. ¡Ya estaba lloviendo fuerte!
Entré a la carpa y me envolví en el sleeping bag. Lo único que quería en ese momento era calentar mis manos. Por un momento me asusté, pensé en hipotermia, y más aún cuando estaba solo.
Entre el sonido de la lluvia cayendo sobre mi carpa conseguí calmarme y dormir un poco. Una hora había dormido para cuándo dejó de llover. Ya era cerca de la 1 pm así que comencé a empacar. Mientras lo hacía el sol se dejó ver y parte de mi carpa se pudo secar. Terminé de empacar y ya estaba listo para comenzar el viaje de retorno a la ciudad de Cusco, mi hogar hasta ahora.
De regreso pude apreciar todo el camino que a oscuras había recorrido la noche anterior. ¡Fue hermoso!
Ya se acerca el final. Lo que me tomó casi siete horas de ascenso lo hice en tres horas y media de regreso. Pero era igual de agotador.
Valió cada paso que di y cada emoción vivida.
¡Ya quiero regresar!
En este tipo de oportunidades que se me dan cada cierto tiempo, como lo es viajar, es bueno tomarte el tiempo necesario para meditar un poco. Reflexionar sobre nuestros actos en el pasado, pensar en cómo han influido en nuestro presente.
De esta forma podremos tener una aproximación de la dirección a la que nos dirigimos. Tendrás una perspectiva de ti que serás capaz de encontrar cuando te conectes con energías exteriores. Busca inicialmente en ti, que necesitas vivir a plenitud. En este sentido debes enfócate hasta lograrlo.
También pienso, al igual que muchos, que la vida se trata de viajar, conocer nuevos lugares, personas, culturas y comidas.
Piensa en las veces que debiste decir «te amo», «te quiero», «te extraño» y no lo hiciste por temor. Luego piensa en si tuvieses esa oportunidad de nuevo, ¿lo dejarías pasar? Ten confianza y exprésate. Si quieres llorar, pues llora. No te cohíbas de regalar una sonrisa a cada ser que te dirija la mirada.
Que no te de miedo salir y conocer el mundo.
Que no te de miedo salir de tu zona de confort.
Que no te de miedo las nuevas experiencias, así como tampoco te dé pena sentarte en la calle, junto a un animal y hablarle. Demuéstrale al mundo tu potencial, de lo que eres capaz, tu Fuerza, y lo que puedes lograr.
Y sobre todo, por más duro que parezca, que no te de miedo a viajar solo por el mundo. Sabrás que siempre saldrás fortalecido y Vibrante en una frecuencia mayor.
A fin de cuentas será lo que te llevarás cuando ya no estés en este plano.
Disfruta del presente, de lo que te rodea.
Te invito a ser hijo de la tierra.

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