Con las fotos podemos viajar, viajar nos hace vivir.

A la deriva.

Y pensar que fue el lugar donde te conocí. Fue suficiente una mirada para hacer los sentimientos despertar, y dejarnos llevar. Fue entonces cuando el horizonte se hizo testigo de lo ocurrido aquel día. Sentados a la orilla de la playa mientras las olas sutilmente acariciaban nuestros pies. Mientras aquel astro se despedía, ingenuos, sin pensar que también para nosotros lo sería. Sentados, con un vacío en el estómago. Luchando contra las manecillas del reloj… ¡Llegó el momento! Te abrazo y luego te susurro. Tu no oyes y me dices que repita lo que dije. Yo no quiero, pero tú me insistes. Lo repito… Me dices entonces, ‘estaba a punto de pedírtelo también’…

Así conocí el sabor y aroma del mar.

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